Testimonios · Magis-Don Orione
Rocío fue a acompañar a los residentes del centro Don Orione y volvió con una forma nueva de ver: sin prejuicios, sin apariencias, sin condiciones.
Testimonio de Rocío Alonso FelguerosoAcompañante · Magis-Don Orione
El centro de educación especial Don Orione en Posada de Llanes.
Este verano participé en la experiencia Magis-Don Orione, un centro de discapacidad intelectual, y la verdad es que me ha cambiado la forma de ver las cosas.
Yo iba pensando que iba a ayudarles a ellos, y al final ha sido al revés: he aprendido a mirar la vida con otros ojos. Nos uníamos a todas sus actividades del día a día: el huerto, tareas cotidianas, talleres que preparaban los educadores. Pero lo que más se me queda es la amabilidad, la cercanía y los cero prejuicios que tienen con la gente.
Te quieren por lo que eres, no por lo que tengas, por cómo seas físicamente o lo que hayas conseguido en la vida. Simplemente por ser tú. Y ahí, sin buscarlo, es donde vi a Dios: en esa forma de querer sin condiciones, en esa mirada que te acepta tal cual eres.
Te quieren por lo que eres, no por lo que tengas, por cómo seas físicamente o lo que hayas conseguido en la vida. Simplemente por ser tú.
Al principio me costó la barrera de la comunicación, porque había residentes que ni hablaban ni se comunicaban. Pero me sorprendió lo rápido que te entiendes con alguien sin ni siquiera hablar: con una mirada o señalando algo ya nos entendíamos. Y precisamente con esos residentes, con los que no me lo esperaba, fue con los que más conecté. Esas miradas y tener paciencia era lo único que hacía falta para disfrutarnos los unos de los otros.
Me llevo también que ya no le doy tanta importancia a mis dramas de las apariencias ni a lo que piensen los demás. Aprendí que no hace falta aparentar ni ser el que más tiene. Que con estar, convivir, sonreír, relacionarte y escuchar ya tienes de sobra para una vida plena y feliz. Que las preocupaciones que tengo en el día a día son poco importantes, que hacemos un montón de arena de un grano.
No hace falta aparentar ni ser el que más tiene. Con estar, convivir, sonreír, relacionarte y escuchar ya tienes de sobra para una vida plena y feliz.
Me quedo con mucha gratitud hacia el centro, hacia los educadores y hacia cada uno de los residentes, que sin pedir nada a cambio me han enseñado a mirar la vida con amor, admiración y mucho mucho cariño.
¿Quieres vivir tu propia experiencia?
Cada año, jóvenes descubren en las experiencias de verano una forma distinta de encontrarse con Dios: en la cercanía, la sencillez y la mirada del otro.
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