No te encalles

San Fran, Turno II (Bilbao)


¡A cuántos de nosotros se nos han caído mitos y recolocado las etiquetas!

“No te encalles” nos decían hace unos días en “Hargindegi” un centro de Cáritas en Bizkaia. Y esa frase es la que no cesa de resonar en mi cabeza y la que me mueve a poner nombre a todo lo visto, vivido y sentido. Ha sido la segunda vez que, por casualidades de la vida o como otros prefieren llamar “providencia”, subo al barrio de San Fran (Bilbao). Junto a otros 19 jóvenes universitarios me disponía a colaborar en la colonia de verano para los niños del barrio.

Nuestra llegada se hacía después de la despedida en este mismo centro de otro grupo de jóvenes. Ellos habían puesto en marcha la colonia hacía ya 15 días y ahora nos tocaba a nosotros hacer el relevo. Pero no era solo relevar a un grupo de jóvenes de cara a las colonias con los niños, (¡que no es poco!); el relevo iba mucho más allá... era adherirnos al barrio, convertirnos así en aprendices de vida siendo esponjas de tanta realidad, esa realidad tan auténtica y real, y a la vez “tan invisible” a tantos, y que nunca deja indiferente. Gracias a la ayuda de las hermanas pasionistas, jesuitas y coordinadores, hacer el relevo fue como se suele decir “coser y cantar” (y guiar a un grupo de jóvenes como ellos lo han hecho, no es nada fácil), así que por ellos empieza mi gran agradecimiento.

“A las mañanas” como decían mis queridos norteños, nos íbamos todos los días en grupos de 5 o 6 monitores a poner en marcha el “campa” con los niños. Algunos pasaban la mañana con los más peques y otros estábamos con los más mayores (¡de hasta 16 añazos!).  Y tengo que decir que fuesen de la edad que fuesen, pese a todo prejuicio, se podía percibir la misma inocencia y la misma luz que desprenden todos los niños... En algunos se encontraba más escondida que en otros, pero por esa misma razón era algo tan real. Ellos han sido los grandes “culpables” de que cada día fuese un gran aprendizaje. Sí, nos enseñaban (y sin saberlo). Ver en ellos las ilusiones propias de sus edades junto las carencias tan grandes que sobrellevan día a día no ha dejado a nadie indiferente. Vivir en realidades como las suyas no es nada fácil y, aunque haya habido algún que otro momento complicado en la colonia, pesan más las risas que nos han regalado y los momentos en lo que olvidaban lo que traían y volvían a ser niños de verdad.

Cada tarde conocíamos diferentes asociaciones y funciones que lleva a cabo Cáritas en el barrio. Centros como Hontza, Askabide, Hargindegi… nos han acercado a realidades que arrastran estereotipos y prejuicios: drogadicción, personas sin hogar, prostitución, inmigración... Y esto me obliga a volver a lo que mencioné justo al empezar: “No te encalles”. ¡A cuántos de nosotros se nos han caído mitos y recolocado las etiquetas…! Gracias a centros como estos es posible vivir en nuestros días el verdadero mensaje del Evangelio. Acoger, hacer nuestras sus realidades, derribar barreras entre nuestra realidad y la suya, y acompañar. “Simplemente” acompañar… y hacer visible a los olvidados de nuestro mundo. La entereza de los voluntarios, la sencillez y humildad de todos a los que hemos visto volcarse por el barrio, haciendo grandes labores  sociales  y  tomando  la  palabra  por  tantos  olvidados..., la  ambición  de todos los inmigrantes que han conseguido llegar a San Fran..., la voluntad de luchar por conseguir los recursos que nosotros tenemos al alcance de nuestra mano..., todo esto me ha llevado a bajar mi bandera y a preguntarme dónde están los límites cuando decidimos querer ignorar todo esto, o a qué estamos esperando para tenderles nuestra mano... ¡hay cosas en esta vida que no pueden esperar!. Y la ayuda es necesaria. Sorprende como hasta los propios inmigrantes que han llegado a San Fran son los primeros en colaborar como voluntarios en sitios como Cáritas.

Dicen que “las segundas partes nunca fueron buenas”, para mí esto no es más que un mito. Volver a tener la oportunidad de ir a San Fran me ha regalado la sensación de “sentirme como en casa” una vez más, gracias a su gente, a sus lugares... a la gran acogida recibida desde el primer segundo... y “sentirse como en casa” es algo que nunca se olvida. Volver a revivir tanto es más que un regalo. Un barrio donde la interculturalidad es la bandera, donde las ambiciones para salir adelante juegan un rol fundamental cada día, donde el compromiso social se palpa es real y verdadero. Un trocito de este mundo que lucha por salir adelante, y que te enseña que no podemos tolerar la indiferencia ante tanta injustica y sufrimiento.

Estos días he tenido muy presente a tantos amigos que estaban dispersos por España o fuera del territorio nacional haciendo experiencias MAG+S. ¡Ojalá seamos capaces y tengamos valor para “complicarnos la vida” a favor de tantos! Ojalá que después de lo vivido, sepamos tomar partido en nuestro trocito de mundo para convertir nuestras experiencias en frutos reales y en acciones concretas día a día. Recordando y agradeciendo que detrás de todo esto está nuestro Dios de las pequeñas cosas, y que hace que todo esto sea tan GRANDE. Ahora me toca saber decir adiós a San Fran, a Bilbao... y aprender que el recuerdo de todos los momentos será la semilla para cuidar a los míos y, ya que “adiós” viene de “A Dios”, a Él os encomiendo... ¡que así sea!

¡Gracias, gracias y gracias San Fran!

Cristina Girón (Centro Arrupe, Sevilla)

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