Un lugar donde encontrarnos con Dios

Santa Marta, Valencia


Conocimos de primera mano una de esas realidades ante las que pasamos de largo o preferimos mirar para otro lado.

Verano. Dos semanas. 11 jóvenes provenientes de diferentes lugares de España, con motivaciones distintas cada uno, pero con un punto en común: todos queremos encontrar en el servicio a los demás un medio para trabajar nuestra fe y un lugar donde encontrarnos con Dios. No sabíamos exactamente los detalles de lo que nos íbamos a encontrar en Santa Marta, pero estábamos dispuestos a dejarnos sorprender y a poner toda nuestra ilusión en una experiencia que acabaría por removernos el corazón.

A lo largo de estos días conocimos de primera mano una de las muchas realidades que solemos ignorar; una de esas realidades ante las que pasamos de largo, o preferimos mirar para otro lado,  en un intento, quizás, de no sentirnos obligados a formar parte de la solución. Este campo de trabajo buscaba ayudar en el  «Proyecto Santa Marta», cuyo propósito es dar apoyo socioeducativo a menores en riesgo de exclusión social en el barrio valenciano de la Fuente de San Luis.

Cada jornada, entre semana, compaginábamos las actividades con los niños y niñas del barrio dentro de una colonia urbana como monitores, con otras actividades que nos hacían profundizar en los motivos por los que vinimos y nos ayudaban a expresar los sentimientos que íbamos recogiendo día tras día (oraciones, acompañamientos, testimonios...). Esas experiencias nos ayudaron bastante para ir conformando nuevas perspectivas sobre lo que vivíamos y hacernos preguntas -« ¿A qué me comprometo? »-, con la idea de aplicar en nuestro día a día todo lo allí vivido.

Santa Marta tuvo dos pilares fundamentales: el grupo de voluntarios y la acogida dispensada por las Esclavas del Sagrado Corazón.

Por un lado, el grupo de voluntarios que conformábamos: fue la clave para aprovechar la experiencia al máximo. Vivir en comunidad y apostar por compartir todos los momentos desde el corazón, haciendo la comida, poniendo la mesa o tomando algo juntos,  hizo que nos sintiéramos mutuamente acogidos desde el primer día. Sin duda nos llevamos algo más que unas buenas amistades con personas que verdaderamente merecen la pena.

Por el otro lado, la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús nos abrió su hogar para compartirlo con nosotros. Sin ellas nada de esto habría sido posible: su entrega y generosidad nos inspiraron cada mañana. Os estamos inmensamente agradecidos.

Esperamos que este testimonio haya podido ayudar a comunicar al menos algo de lo que vivimos en Valencia. Como ocurrió con nosotros, seguro que Santa Marta seguirá sorprendiendo cada verano a más jóvenes. Merece la pena dejarse llevar.

Como dice un poema de Gloria Fuertes:

El voluntario no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música, no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte con sus horas libres.      

 

 

Javier Picazo (Centro Loyola, Gijón), Javier Moreno Y Marta Girod (Centro Arrupe, Madrid)

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