ENXARTXAD 2016

Enxartxad, Verano 2016


En mi vida siempre he tenido una meta: ser maestra para enseñar a soñar a los niños, al futuro de nuestra sociedad, con el propósito de hacer, de lo imposible lo posible. Eso mismo, es lo que he aprendido en mi estancia en Tchad (África). 

Estuve allí del 10 de julio al 15 de agosto. Han sido días llenos de sonrisas, incomprensión, alegría, calor, impotencia, pena, ilusión y lágrimas. Una estancia demasiado corta para observar, pararse, contemplar, interiorizar, orar, pasar por el corazón lo vivido, escuchar la llamada y sobre todo, caminar en el camino del amor.

El primer paso fue observar y mirar, para empaparnos de la realidad, nuestra «Tierra Sagrada». Todo era como un sueño, que no era capaz de asimilar. Aunque pasasen varios días, seguía sin creer, como si tuviese una venda tapándome los ojos. Pienso que es debido a la dureza con la que allí vivían, porque al principio era muy complicado aceptar esa realidad tan diferente a la nuestra, la de Occidente. Ellos nos acogieron con los brazos abiertos en cada uno de los lugares que visitamos, el hospital y facultad de medicina “Bon Samaritain”, donde hemos compartido nuestras pequeñas tareas en la farmacia y en el almacén. Este hospital tiene un encanto especial por la gran unión entre estudiantes, enfermeros, médicos, familias y amigos.

Pasados tres días, emprendimos viaje a nuestro destino Sarh, lugar donde desarrollamos nuestra experiencia. El colegio «Charles Lwanga» nos ofreció nuestra querida «villa», donde hemos pasado grandes momentos de encuentro, diálogo, risas y debate. Nuestra rutina estaba basada en un aprendizaje continuo en: Balimba; un centro de niños de la calle, Dominique Savio; un colegio de primaria, Calcutas; un orfanato, Don Bosco; un instituto de secundaria, Maingara; un dispensario médico y la sala de informática. Teníamos la gran suerte de ser acompañados por nuestros «correspondants».Los «correspondants» son chadianos que acaban de terminar el bachillerato. Ellos nos han acompañado en este sueño hecho realidad. Sueño que lo hemos emprendido con su mirada y su manera de sentir cada momento. Nuestra misión se basaba en conocer a través de los ojos del otro los grandes encantos que diferencian este tesoro. Cuando llegamos nos sentimos muy limitados, porque no conocemos su idioma materno, el «Sarha», ni sabemos caminar, pero es tan fácil como dejarse dar la mano, para que nos enseñen a mirar con sus ojos, y también, para aprender a vivir desde su manera de entender la vida y el mundo. En muchas ocasiones, nos hemos dado cuenta del coche cultural que existe, pero en otras, hemos llorado por lo pequeña que es nuestra mente.

El segundo paso consistió en pararse y contemplar para percibir su manera de sentir y vivir. Las familias viven de la ayuda humanitaria, de lo poco que siembran y de lo que pueden vender: fruta, aguacates, avellanas, galletas o pan. Su propósito en la vida es vivir y sobrevivir cada día. Elllos no ahorran, ni pueden hacerlo, sólo tienen lo justo para sobrevivir. Por desgracia tienen muchos problemas de nutrición, acceso a la educación, a la electricidad, a la higiene o a la sanidad. Viven con fuerza y valentía, también lloran y sufren, como si no existiese un mañana, pero luego son capaces de celebrar la vida y de dar gracias por cada una de las personas que les rodean. También la muerte la afrontan con esta filosofía.

Por otro lado, quiero destacar la vivencia chadiana del tiempo. Allí la vida se adapta al ritmo interior o al que las circunstancias les permiten. En la sociedad occidental estamos acostumbrados a sobrecargarnos de tareas, por lo que necesitamos programarnos y hacernos un “planning” para poder llevar todo a cabo. En cambio, para ellos lo más importante no es lo que hacen, sino lo que son en su interior.  Allí, en el Chad, ellos realizan una única tarea en profundidad, que les llena de vida y del amor de Dios.

El tercer paso fue el encuentro con los demás, con el servicio, conmigo mismo y con Dios, para llegar a descubrir lo más profundo de la experiencia. Cada uno de nosotros hemos experimentado diferentes sentimientos y emociones ante cada una de las realidades que hemos encontrado.  Hemos descubierto a Dios, a través de cada una de las personas que siguen día a día, luchando por la justicia de aquel país y por intentar combatir sus desigualdades. Estamos seguros de que la gracia, la fuerza y la misericordia de Dios son las que hacen posible la vida allí. Gracias a los retiros y a las oraciones realizadas cada noche, hemos pasado por el corazón todo lo vivido para interiorizar cada impacto recibido y tratar de dar respuesta a nuestras inquietudes, y poder así descubrir quiénes somos, a qué estamos llamados y cuál es nuestro lugar en el mundo.

El último paso, en el que nos encontramos ahora, es el de continuar caminando llevando a nuestra realidad cotidiana todo lo aprendido. Esta experiencia perdura en todos nuestros corazones, en nuestras vidas; no sólo en forma de recuerdo del pasado, sino que es algo que forma parte de nuestro presente y nuestro futuro.  También nos toca ser realistas y admitir que no todos los chadianos son preciosos y felices, como muchos pensamos antes de poner pie en esta realidad. Ellos luchan día a día para que su realidad y su situación cambien; sufren por tanta incomprensión; tienen tantísimo coraje que hasta darían su vida para que sus descendientes puedan vivir de diferente manera y sueñan con otro mundo. Su realidad sólo les permite vivir el presente, confiar en que Dios les ayuda a caminar, dar las gracias y pedirLe que les siga cuidando. Ahora en España cada día pido por mis hermanos, de los que solo nos separan unos kilómetros. Ellos viven al lado nuestro y duermen bajo el  mismo cielo. Sueñan y además saben aceptar su vida, porque su corazón es inmenso, y eso a mí me hace muy pequeña. También son días de pensar, porque al fin y al cabo en nuestra estancia no hemos implantado nada, ningún proyecto en concreto, solo hemos realizado pequeñas cosas donde hemos disfrutado, aprendido y compartido nuestros días en ese hermano país y en mi amada África. Nuestra tarea ahora es continuar en este camino que aún está construyéndose.

Este proyecto no hubiera sido posible sin el amor de Dios, la unión del grupo, y la enorme entrega de Alexis Bueno sj y Carlos Gómez-Virseda sj hacia nosotros. Gracias de corazón por haberme enseñado que la vida es un regalo sin exigencia.

"El amor hace llegar y hace partir, no aprisiona, ni se deja aprisionar; no se asusta con lo que es doloroso y absurdo. No desprecia los acontecimientos cotidianos, sino que desea hacerlos gigantes. Es capaz de acoger cada cosa y transformarla en oportunidad para un camino que aún está por hacer"

Rocío López Águila

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