¡Dios tiene rostro boliviano!

Un espacio de colaboración, encuentro y experiencia, creado, amasado, Bolivia en Compañía - Encontrar Alegría se realizó por la primera vez este año, desarrollada entre la Pastoral MAG+S, el Proyecto evangelizador y solidario de las Hijas de Jesús (FASFI), y a través del Centro Educativo Fe y Alegría, el Internado de las Hijas de Jesús en Buen Retiro y la Pastoral en Irpa Irpa (Bolivia).  Después de la experiencia en Bolivia, tres de nuestros jóvenes nos cuentan lo que han vivido.

 

Cuando conocí Irpa-Irpa me pareció un sitio tan seco, sucio y árido que me planteó mil preguntas, pero hubo una que no dejó de sonar y repetirse en mi cabeza: ¿Cómo puede uno encontrar a Dios en un sitio así? Es increíble cómo poco a poco la respuesta a esa pregunta se fue abriendo paso al descubrir que Él está en todo: en la recolección de camote en el campo con los niños del internado de Buen Retiro; en la paciencia y cariño infinito al intentar enseñar a los niños a sujetar bien el lápiz y reseguir las vocales; en las conversaciones con las personas que viven allí entregando su vida a los demás; en los abrazos, cariño y sonrisas que regalan gratuitamente los niños; en la convivencia con los compañeros de experiencia… Pronto, esa pregunta desapareció para dar paso a otras y a la experiencia de que Dios, tiene rostro boliviano! Bolivia, donde lo urgente deja de ser lo más importante y dónde descubres que las cosas importantes no son las que tú, iluso del norte, creías. El sitio donde experimenté lo que realmente es importante: aquello que le preocupa Dios y por lo que quiere que nosotros nos ocupemos.

Clàudia, Barcelona

Para mí este regalo de experiencia se puede resumir en encuentro y VIDA, vida con mayúsculas, vida sencilla y compartida. Llegamos perdidos entre nuestros horarios y planes, con la pregunta de ¿y qué vamos a hacer aquí? Hasta que nos dimos cuenta de que simplemente con lo que Dios ponía en nuestro día a día era suficiente. ¿Y qué puso en nuestro camino? A las Hijas de Jesús, ejemplos de vida entregada a los demás, que nos acogieron y se volcaron con nosotros como si fuéramos parte de la familia; historias con nombre propio, de esos niños que con su cariño y su alegría enseguida nos ganaron. Lo más bonito para mí ha sido compartir sus rutinas, descubrir su mundo, un mundo que en apariencia no se asemeja para nada al nuestro, al menos hasta que rascas un poco. Ha sido un shock cultural y de realidades muy positivo, yo considero que me ha abierto los ojos a muchas cosas, y me ha hecho aprender de ellos entre otras cosas que lo urgente y lo importante muchas veces no coincide. Vuelvo con la espinita de no haber influido más en la realidad vivida, vuelvo con la sensación de haber recibido mucho más de lo que he dado, y bueno con una profunda gratitud: a Tita, a Basi, a Lucy, a Amparo y a todas las Hijas de Jesús que Dios ha puesto en nuestro camino, y a todo el grupo por el buen rollo durante todo el viaje, contagiado por Javi y Mari Carmen, nuestros acompañantes que han hecho todo este sueño realidad.

Javi Caballero, de Sevilla

Al volver a casa, familiares, amigos, compañeros me han preguntado por mi experiencia en Bolivia. Yo trato de contar con muchísimos detalles dónde hemos vivido, las costumbres del país, a qué dedicábamos nuestro tiempo, qué lugares hemos visitado... Sin embargo, me doy cuenta de que todas las veces me he quedado corta, de que me cuesta mucho transmitir toda la Vida regalada por medio de tanta gente durante este mes.

Muchos preguntan qué hemos hecho, y la verdad es que hacer, hacer no hemos hecho nada extraordinario. Y entonces, ¿para qué recorrer 8800km si no vamos a hacer nada especial?

Desde el primer día durante la formación se nos recordó que no íbamos a hacer nada del otro mundo, que no acudiéramos con la intención de arreglar nada o de dar soluciones.

En esta sociedad en la que nos movemos parece que todo tiene que ser útil, que hay que “hacer y hacer” y a veces se nos olvida el sentido de palabras como acompañar, servir, entregarse, acoger, abrazar, regalar, darse, estar...

Ha sido un tiempo lleno de nombres, de cada uno de los compañeros con los que he compartido mi vida durante este mes, de cada niño al que acompañaba en el apoyo escolar, de cada uno de los que vivían en el internado, de las voluntarias de Fasfi, de los niños y adolescentes de la parroquia, las Hijas de Jesús de Buen Retiro, Cochabamba, Potosí y Santa Cruz de la Sierra... nombres y rostros que ya no olvidaré. Ha sido un tiempo compartiendo horas en las que más que el resultado lo importante era el cariño que poníamos en cada cosa. He recordado el verdadero significado de acoger y de acompañar, he podido saborear la libertad que se siente cuando damos sin esperar, cuando no exigimos una respuesta, cuando nos mostramos tal y como somos.

Me quedo con la presencia de Dios acompañándonos cada día, regalándome mucha paz y alegría sencilla. Me llevo muchas risas, muchos abrazos, amigos y muchos interrogantes. Ahora toca preguntarme qué hacer con tanto bien recibido y desde dónde quiero vivir cada día después de este tiempo en Bolivia.

Marta, Donosti

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