Una experiencia de servicio inolvidable

MAG+S Hospitalario. Jóvenes adultos (Valencia)


Es olvidándose de uno mismo, cuando uno se encuentra a sí mismo”.

Con estas palabras extraídas de la oración Instrumento de tu paz, de San Francisco de Asís, bien podría resumir la experiencia vivida durante una semana con las Hermanas Hospitalarias y todas las residentes (en este caso lo femenino era lo imperante) en el centro sociosanitario Nuestra Señora del Carmen, Valencia.

Dejando atrás el ruido y las prisas de la rutina diaria de la ciudad, el trabajo, las redes sociales, las comodidades…, en definitiva, de la llamada zona de confort, emprendí un viaje inolvidable a Valencia. Inolvidable por la oportunidad del servicio prestado, por la hospitalidad de las Hermanas con los voluntarios, por la profesionalidad de quienes asisten constantemente a las residentes del centro pero, sobre todo, por todos los momentos compartidos con estas últimas.

Es difícil describir lo que se siente esos días, no sólo por cantidad (muchísimas sensaciones, de ternura, condescendencia, amor, empatía, admiración…) sino por complejidad (era admirable ver a quienes, encarando el final de su vida, se muestran más vivos que otros jóvenes y no tan jóvenes; ver a quienes se vuelcan con todos ellos, no cesando en darles oportunidades para seguir manteniéndose con el mayor número de capacidades posibles…). Entrega y servicio, espiritual y profesional, que hacen del centro en la experiencia Hospitalarias Valencia un lugar para confiar, para seguir confiando, en Él, en las Hermanas y en la gente buena que participa del proyecto.

Pero, tanto o más importante que la entrega y servicio de quienes nos ponemos a disposición de los necesitados, el amor en sus más variados formatos (sonrisas, guiños de ojos, caricias en la mano, palabras bonitas, intento de las mismas…) que esas maravillosas personas devuelven a cada gesto o, sencillamente, comparten contigo por el mero hecho de estar allí.

Y, junto con las residentes, las hermanas y todos los profesionales a los que tuve oportunidad de conocer, no puedo dejar de mencionar la comunidad que acabamos formando los cinco voluntarios que acudimos a esta llamada. Gracias a ellos y ellas, y a gente dispuesta a participar en este tipo de actividades, es mucho más fácil encontrarse a uno mismo: qué importante es valorar lo bueno que tienes y vives; pero qué importante es también poder compartirlo.

Me resisto a poner todos los nombres de quienes me han acompañado en esta experiencia pero finalizo con palabras de otra oración que bien hacen justicia a dichos nombres en el contexto del centro de Hermanas Hospitalarias de Valencia:

“…Y llevaré conmigo todo aquello que no pesa: muchos nombres con sus historias, miles de rostros en el recuerdo, la vida en el horizonte, proyectos para el camino…”. Mi equipaje. JM Rodríguez Olaizola, sj.

Gracias de todo corazón.

 

Gala González

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